Historia
de incesto madre, hija y su novio
Warning: include() [function.include]: URL file-access is disabled in the server configuration in /home/incestows/domains/incesto.ws/public_html/relatos-de-incesto/mi-hija-y-su-novio.php on line 42
Warning: include(http://www.incesto.ws/header.php) [function.include]: failed to open stream: no suitable wrapper could be found in /home/incestows/domains/incesto.ws/public_html/relatos-de-incesto/mi-hija-y-su-novio.php on line 42
Warning: include() [function.include]: Failed opening 'http://www.incesto.ws/header.php' for inclusion (include_path='.:/usr/local/php5/lib/php') in /home/incestows/domains/incesto.ws/public_html/relatos-de-incesto/mi-hija-y-su-novio.php on line 42
Relatos Eroticos de incesto: Tenemos los relatos de incesto, enviados por nuestros visitantes,
sin censura.
Warning: include() [function.include]: URL file-access is disabled in the server configuration in /home/incestows/domains/incesto.ws/public_html/relatos-de-incesto/mi-hija-y-su-novio.php on line 45
Warning: include(http://www.incestos.us/adicional.php) [function.include]: failed to open stream: no suitable wrapper could be found in /home/incestows/domains/incesto.ws/public_html/relatos-de-incesto/mi-hija-y-su-novio.php on line 45
Warning: include() [function.include]: Failed opening 'http://www.incestos.us/adicional.php' for inclusion (include_path='.:/usr/local/php5/lib/php') in /home/incestows/domains/incesto.ws/public_html/relatos-de-incesto/mi-hija-y-su-novio.php on line 45
A pedido de nuestros visitantes, publicamos los relatos eroticos de incesto que nos envian, no vas a poder creer lo cachondos que son estos relatos, si los
relatos de incesto te ponen la polla de punta, no te podes perder los que tenemos para vos aqui, en incesto.ws
Sexo con mi hija y su novio
Warning: include() [function.include]: URL file-access is disabled in the server configuration in /home/incestows/domains/incesto.ws/public_html/relatos-de-incesto/mi-hija-y-su-novio.php on line 50
Warning: include(http://www.incesto.ws/publi-relatos.php) [function.include]: failed to open stream: no suitable wrapper could be found in /home/incestows/domains/incesto.ws/public_html/relatos-de-incesto/mi-hija-y-su-novio.php on line 50
Warning: include() [function.include]: Failed opening 'http://www.incesto.ws/publi-relatos.php' for inclusion (include_path='.:/usr/local/php5/lib/php') in /home/incestows/domains/incesto.ws/public_html/relatos-de-incesto/mi-hija-y-su-novio.php on line 50
Me llamo Adriana, dentro de poco cumpliré 44 años,
estoy divorciada y tengo una hermosa hija, Mariela, de
21 años. Nos llevamos muy bien, compartimos muchos
gustos y secretos entre nosotras, aunque en ciertas
cosas somos muy distintas. Por ejemplo, respecto de los
hombres. Yo he reprimido durante años mis sentimientos
y ganas de explotar de deseo, porque me casé con un
imbécil que me arruinó la vida hasta que nos
divorciamos. Por suerte mi hija se toma las cosas de
otra manera, sin prejuicios, y tiene una vida sexual
mucho más intensa que la que yo he tenido jamás. Trato
de ser una madre moderna y, salvo advertirle que debe
tomar ciertas precauciones, no le pongo límites.
El verano pasado, cuando sucedió lo que quiero
contarles ahora, alquilamos un departamento en la playa
para nosotras solas. Apenas nos habíamos instalado y a
Mariela ya la estaba llamando su novio, Matías. Es un
chico de 26 años, muy hermoso y amable, los dos se
llevan bien y forman una pareja simpática.
Esa noche mi hija y su novio se fueron a bailar, y yo
me fui a cenar con una amiga divorciada como yo y dos
hombres amigos, que nos habían invitado. Con uno de
ellos, Alberto, yo tenía esperanzas de que sucediera
algo. Estuvimos coqueteando toda la noche,
insinuándonos cosas y diciéndonos frases con doble
sentido; yo estaba segura que terminaríamos en la cama
y estaba bastante excitada porque él me gusta mucho. Al
final de la cena se ofreció a llevarme hasta el
departamento en su automóvil, hablamos mucho, nos
acariciamos un poco, pero cuando llegó el momento de
pasar a algo más, él mencionó algo respecto de su
esposa, que no quería serle infiel, y al final se
despidió de mí con un beso. Para entonces estaba yo muy
caliente, y tuve que quedarme así porque Alberto se fue
dejándome sola en la puerta del edificio.
Excitada y enojada como estaba, entré al departamento y
allí me esperaba una sorpresa. Apenas abrí la puerta y
encendí las luces encontré a Mariela y a Matías en el
living, recostados desnudos en un amplio sillón. Mi
hija tenía las piernas abiertas y su novio estaba sobre
ella. De él recuerdo su espalda ancha, cubierta de
sudor, con los músculos marcados por el esfuerzo,
porque se estaba moviendo rítmicamente penetrando a mi
hija por la vagina con el pene grueso. Ella gemía de
placer.
Me quedé helada, sin saber qué hacer. Mariela cerró los
ojos y se aferró más a Matías, acariciándole la espalda
con sus manos y enlazando sus piernas a la altura de
los riñones de su novio. Él giró la cabeza y me miró;
sentí que me desnudaba con sus ojos. Era hermoso, y
verlo en esa situación resultaba por demás erótico.
Toda su potencia de hombre al servicio del sexo.
Por fin reaccioné y me fui a mi cuarto haciendo un
ligero gesto con mi mano dirigido a ellos, como que
estaba todo bien. Las piernas me temblaban un poco,
jamás había visto a otra pareja teniendo sexo delante
de mí, y menos a mi hija. Pero me pareció que lo mejor
era no apartarme de mi rol de madre moderna y dejarlos
hacer. Después de todo, muchas veces le había dicho a
Mariela que prefería que lo hiciera en mi casa, con un
conocido, y no en cualquier lugar con un desconocido.
En mi cuarto me quité el vestido que había llevado a la
cena, también el sostén, y me puse mi camiseta de
dormir que es blanca, sin mangas, y apenas me cubre el
trasero. Me acosté pero no podía dormir; se me venía a
la mente la imagen de Alberto y enseguida la de mi hija
que a pocos metros de donde estaba yo tenía sexo con su
novio.
En eso la escuché gritar muy fuerte, y luego quejidos y
un llanto. Pensé que podía pasarle algo de modo que
salí silenciosa de la habitación y me aproximé al
living a espiar. Mariela estaba ahora en posición de
perrito, desde atrás Matías la sujetaba por las caderas
y le decía "aguanta, aguanta un poco más", pero mi hija
gritaba como si la estuvieran desgarrando. Su rostro
estaba transfigurado por el dolor pero su novio no se
detenía, e impulsado hacia delante apoyaba el pecho en
la espalda de mi hija montándola por completo.
Volví a mi cuarto y me metí bajo las sábanas. Los
gritos seguían y mi calentura iba en ascenso. Me quité
las bragas y empecé a masturbarme. Con una mano
acariciaba mis pezones por debajo de la camiseta y con
la otra me froté el clítoris. Lancé un suspiro. Tenía
la concha húmeda, me metí el dedo índice y mayor,
mientras con el pulgar seguí frotando mi clítoris.
En el living los ruidos continuaban. Ahora los dos
gritaban, decían cosas propias del acto sexual, podía
imaginarme todo lo que estaban haciendo y alimentaba mi
excitación. Aceleré el movimiento de mis dedos, los
hundí muy rápido, furiosamente, sentí venir mi orgasmo
y lo liberé con un grito en el que explotó toda mi
calentura y me hizo arquear el cuerpo sobre la cama. En
ese momento me di cuenta de que la casa estaba en
silencio, y que mi alarido final debió escucharse en
todas partes.
Me quedé quieta largo rato, relajándome, hasta
comprobar que los ruidos no regresaron. Mi hija y su
novio debían estar durmiendo. Entonces me levanté a
buscar un poco de jugo, porque tenía la garganta seca.
Estaba yo de pie en el comedor a oscuras sirviéndome un
vaso de jugo cuando Matías apareció a mi lado. Estaba
completamente desnudo. No pude evitar admirar su cuerpo
enorme recortado en las sombras, atlético y velludo. Y
aunque tenía el miembro relajado, me pareció de un
largo y un grosor impresionante. Le colgaba entre las
piernas como un trozo de manguera. Además tenía toda la
piel retraída por lo que el glande estaba expuesto.
-Adriana, quiero agradecerle que no haya regañado a
Mariela ni a mí por lo que estábamos haciendo -me dijo
en voz baja.
-Qué va, ustedes son jóvenes y hacen bien en disfrutar
-respondí tratando que no me temblara la voz- No te
preocupes.
-De verdad quiero agradecerle -insistió él, dando un
paso hacia mí- No todas las madres son tan comprensivas
como usted.
Me causó gracia que me tratara de usted y se lo dije.
-Me haces sentir más vieja -le reproché con una media
sonrisa.
-Le debo el respeto que usted se merece -dijo él, que
seguía serio.
-En todo caso -agregué poniéndome seria yo también-
quizá no sea correcto que estés hablándome aquí frente
a mí totalmente desnudo. Quizá podrías cubrirte un
poco...
-No pensé que sería problema -respondió- En todo caso,
usted también está prácticamente desnuda.
Recordé entonces que sólo llevaba puesta la camiseta, y
de entre mis piernas subía el olor de mis jugos.
-¿Acaso escucharon algo? -pregunté.
-La verdad, yo la escuché. Debió ser muy rico, aunque
algo solitario ¿no cree?
Matías estaba muy junto a mí, su voz era un susurro, y
me ponía nerviosa. No podía evitar que mi vista se
dirigiera hacia el péndulo que le colgaba entre las
piernas.
-¿Quieres un poco de jugo? -pregunté para salir de la
incómoda situación.
Giré hacia la mesada, dándole la espalda. Juro que pude
sentir los ojos de Matías posados sobre mi trasero
desnudo. Serví un poco de jugo y cuando volví a girar
de frente a él rocé accidentalmente su pene con mis
caderas. Ya no estaba tan flojo, lo tenía a medias
erecto.
El novio de mi hija bebió del vaso mirándome a los ojos
y avanzó un poco más hacia mí, hasta el punto que su
verga quedó suavemente apoyada en mi vientre. Parecía
que sabía cuánto la deseaba, porque la verdad es esa:
deseaba tocársela, mamarla y que me la metiera bien
profunda.
-Quizá no debería estar tan sola Adriana -me dijo, y
sentí su tibio aliento- Una mujer como usted no merece
estar sola.
Me apoyó su mano en la concha y rápidamente introdujo
un dedo. Yo estaba tan mojada que se deslizó sin
problemas. Se me escapó un gemido.
-No.... Mariela... -traté de decir.
-Mariela duerme, no se preocupe -respondió él en mi
oído- No haremos nada malo, sólo quiero ayudarla en
este momento.
Matías se pegó contra mí, me dio un beso muy profundo
en la boca y metió otro dedo más en mi vagina. Por
instinto separé un poco mis piernas. En ese momento no
me cuestioné nada, sólo quería gozar.
El novio de mi hija me masturbó maravillosamente, mi
vagina estaba completamente inundada por mis jugos y no
tardé en sentir otro orgasmo. Él ahogó mis gemidos
apretando más sus labios contra los míos y llenándome
la boca con su lengua.
Se me aflojaron las piernas y hubiera caído, pero él me
cargó en sus brazos y así me llevó hasta mi dormitorio.
Me depositó suavemente sobre mi cama boca arriba, me
tomó por los tobillos y me hizo flexionar las piernas
de tal manera que mis rodillas quedaron contra mis
tetas.
Él se quedó de rodillas, erguido ante mí. Lo veía
enorme. En esa posición frotó su verga todo a lo largo
de mi raja. Me temblaba el cuerpo de la excitación y
moví un poco mis caderas, dándole a entender que
deseaba que me penetrara. Pero él se hizo desear un
poco más. Manteniendo mis piernas flexionadas, apoyó
las manos en mis muslos y me abrió. Toda mi concha
quedaba expuesta para él.
Matías tomó su larga verga en la mano y me dio unos
golpecitos en el clítoris. Luego apoyó la cabeza en la
entrada de mi vagina y se quedó quieto. Loca de
excitación estiré mis brazos, lo aferré de las caderas
y lo empujé contra mí.
La penetración fue total, profunda, y me arrancó un
gemido. El novio de mi hija tenía una herramienta
formidable entre sus piernas y acababa de clavármela
toda. Se movió lentamente, sacándola toda y volviéndola
a meter. Me arranqué la camiseta y comencé a masajearme
las tetas, a pellizcarme los pezones, a retorcerlos.
Entonces Matías tomó mis piernas otra vez y las puso
sobre sus hombros. Mi cadera quedó en el aire, él se
hizo hacia delante, completamente estirado en la cama,
y su rostro quedó a centímetros del mío. Su verga
estaba completamente plantada dentro de mí y me hacía
un poco de daño cuando la punta topaba en el fondo de
mi vagina.
Matías me bombeaba sin clemencia pese a mis quejidos.
Mis piernas en sus hombros, mis brazos sujetados por
sus manos, impedían que yo controlara siquiera un poco
la situación. Sólo podía limitarme a recibirlo una y
otra vez.
-Sienta Adriana -me decía cada vez que entraba a fondo-
Sienta mi carne dentro suyo. Sienta -y me volvía a
clavar profundamente- sienta, usted es una mujer que
merece sentir. Sienta. Sienta.
Sus embestidas eran cada vez más rudas y potentes, y yo
sentía dolor a cada empujón pero también un placer
increíble. Tenía el rostro de Matías sobre mí, pegado
al mío, y le caía una gota de sudor por la nariz.
En un momento dado giré un poco la vista y vi -o creí
ver- que en la oscuridad mi hija Mariela estaba también
en el dormitorio, apoyada contra una pared, con una de
sus manos entre sus piernas. Mi hija estaba viendo cómo
su novio se cogía a su madre, y se excitaba con eso
como yo me había calentado antes viéndola a ella.
Todo eso fue demasiado para mí y exploté en un largo y
placentero orgasmo. Matías se quedó quieto, con su
verga profundamente metida en mí, la cabeza apoyada
contra mi útero, y en esa situación largó una densa y
abundante descarga.
-Sienta Adriana -gimió- sienta que la estoy llenando.
Quedé desvanecida después de vivir eso tan intenso.
Cuando desperté, sola en la cama, el sol estaba alto
ya. Por un instante pensé que todo había sido un sueño
pero no, ahí estaba yo desnuda, con las piernas aún
algo abiertas y la concha pegoteada por mis jugos y la
abundante eyaculación de Matías.
Los chicos no estaban. Tomé una ducha y me sorprendí
porque aún escurría semen de mi vagina.
Me fui sola a la playa y pasé casi todo el día allí
tomando sol y pensando en lo que había sucedido. Sabía
que algo andaba mal, pero había disfrutado tanto que no
me arrepentía. En la primera oportunidad que tuviera,
hablaría con mi hija.
Llegó la noche y los tres nos reunimos en el
departamento. Todo estaba como si nada hubiera pasado.
Mientras preparaba la cena intenté dialogar con Mariela
pero ella le restó importancia al asunto. "No pasa nada
mamá, ¿para qué vas a preocuparte? Está todo bien, todo
está muy bien", me dijo. Matías, por su parte, me
miraba de manera muy sugerente.
Terminó la cena. Mi hija me pidió permiso para usar mi
dormitorio porque allí está la televisión. Me quedé
sola en el comedor ordenando algunas cosas, tomé un
café y luego sentí deseos de irme a la cama.
El dormitorio estaba a oscuras, sólo iluminado por la
pantalla de TV. Cuando entré me esperaba otra sorpresa:
mi hija se la estaba mamando a su novio en mi propia
cama. El miembro estaba en plena erección, Mariela
trataba de metérselo todo en la boca pero no le cabía,
la hacía ahogar. Lo sacaba, le pasaba la lengua y
volvía a intentarlo. Se escuchaban sus gemidos y
sonidos de succión.
Matías me hizo un gesto con la mirada. Yo estaba
dispuesta a todo, de modo que me quité el vestido que
llevaba y me acomodé en la cama a la altura del pene de
Matías.
Lo miré bien de cerca, la cabeza hinchada, las venas
marcadas, los vellos. Vacilé un poco, como pidiendo
permiso, pero al final abrí la boca y mi hija lo empujó
hacia dentro.
Tenía sabor exquisito. Me gustó chuparlo, sentirlo duro
llenándome la boca, pasarle la lengua. Había pasado
mucho tiempo desde la última vez que le hice una mamada
a un hombre.
Mariela y yo lo estuvimos mamando por turnos mientras
Matías acariciaba nuestras cabezas y gemía. Quise
masajearle los huevos y mi mano se encontró con la de
mi hija, que ya estaba en esa tarea. Iba a retirarla
pero la dejé. Si madre e hija compartíamos esa verga,
también podíamos compartir una caricia a los huevos de
ese chico formidable.
En determinado momento quise sacar el pene de mi boca
para pasárselo a mi hija pero Matías me lo impidió
haciendo presión sobre mi nuca. Instantes después sentí
chorros de leche tibia sobre mi lengua: se había venido
gracias a la mamada y había elegido mi boca para
depositar su leche. Mantuve la verga prisionera entre
mis labios mientras sentía el líquido espeso bajar por
mi garganta.
Nos quedamos los tres muy relajados, Matías en el medio
de nosotras dos. Una de sus manos acariciaba suavemente
mi trasero. El sabor de su semen estaba aún sobre mi
lengua. Después de un rato él se deslizó hacia abajo en
la cama, abrió delicadamente mis piernas y mamó de mi
vagina. Su lengua exquisita jugó con mis labios, los
separó y se entretuvo en mi clítoris arrancándome
suspiros de placer.
Luego se retiró e hizo lo mismo con mi hija. Mariela
gimió fuertemente, tomó una de mis manos y la apretó
con fuerza. Con la mano que nos quedaba libre nos
acariciábamos nuestros propios pezones. Me encanta
disfrutar así: los hago rodar entre mis dedos, los
estiro, los pellizco. Mi hija me imitaba tocándose sus
tetas.
Matías volvió a ubicarse entre mis piernas y siguió
chupándome la concha. Tomó una mano de Mariela y la
apoyó sobre mi clítoris; ella me acarició suavemente
arrancándome suspiros de placer.
Luego, Matías me hizo girar en la cama hasta que quedé
boca abajo y sin darme tiempo a nada me abrió las
nalgas y hundió su lengua en el agujerito de mi culo.
Sentí que me corría electricidad por todo el cuerpo y
gemí con fuerza, la chupada fue bestial y otra vez
quedé al borde de un orgasmo. Matías tenía la lengua
dura y muy hábil, me ensalivó como un experto, me
dilató y jugó en el interior de mi hoyito.
Ya sabía lo que vendría luego, y me dio temor: Matías
me puso en cuatro y se arrodilló detrás de mí. En
efecto, tenía planeado dármela por el culo. Yo era casi
virgen de allí atrás, mi ex marido me lo había hecho
apenas un par de veces y eso fue hace mucho tiempo.
El chico apoyó su formidable verga en mi culito y
empezó a empujar. El dolor era insoportable y grité,
pero él sabía cómo hacerlo. Entraba y salía de a poco,
guiándola con su mano, hasta que mi ano se acostumbró
al tamaño de su cabeza y entró toda. Me tomó entonces
por la cintura y me atrajo hacia él, de modo que era yo
misma la que me iba ensartando.
Sentí un ardor tremendo, la pija era demasiado gruesa y
estaba durísima. Podía notar cómo avanzaba hacia mi
interior, apartando los pliegues de mi esfínter.
-Me matas -imploré- sácala un poco por favor.
-Aguante Adriana, es sólo un momento y ya vendrá el
placer. Disfrute, estoy seguro de que nunca se sintió
así antes.
Clavé las uñas en las sábanas de la cama dispuesta a
resistir, aunque el dolor era muy grande. Entonces
Mariela me dijo:
-Aguanta mamá, falta muy poco para que te entre toda.
Una de las manos de mi hija estaba tocando el trozo de
verga que quedaba afuera, y la otra acariciaba mi
vagina. El placer empezaba a llenarme.
-Así... así.... -gemí.
Entonces Matías dio el último empujón y me la enterró
hasta los huevos. Me cortó la respiración. Tenía toda
su verga plantada en el culo.
El chico empezó a moverse lentamente, atrás y adelante.
-Es maravilloso Adriana, me encanta romperle el culo
así -me susurró al oído- ¿Ha visto que le ha entrado
toda?. Tome señora, tome verga por el culo que yo sé
que le gusta.
El dolor iba cediendo paso al placer y yo también
empecé a disfrutarlo. Mariela, tendida boca arriba a mi
lado, se masturbaba viendo la escena. Por la posición
en la que estábamos, mis tetas quedaron contra las de
mi hija y el movimiento de vaivén a que me obligaban
los empujones de Matías hacía que nuestros pezones se
rozaran.
-Cómete los pezones de tu mamá -le ordenó Matías a su
novia, y ella no tardó nada en obedecerle. Se los metió
en la boca como cuando era mi bebé, y chupó con fuerza.
-Así Adriana, así, dele la teta a su hija, aliméntela
-nos alentó Matías, bombeando más fuerte su pija en mi
culo.
Desbordada por la excitación, Mariela se puso en cuatro
a mi lado y le ofreció el culo en pompa a su novio.
Matías se retiró de mi agujero y se apoyó en el de mi
hija. Empujó un poco y ella lanzó un alarido de dolor.
-Ayúdeme Adriana, no quiero lastimarla -me pidió Matías
retirándose. Tenía la cabeza de la verga hinchada.
-¿Qué quieres que haga? -pregunté sorprendida.
-Póngale un poco de saliva.
Me aproximé al culo de Mariela y dejé caer un poco de
saliva. Luego la distribuí con la lengua. Entonces
Matías me empujó suavemente la cabeza hacia el trasero
de ella y terminé metiendo la lengua en el culo de mi
hija. Me gustó hacerlo, chupé largo rato y me llené la
boca de ese sabor semi amargo.
Luego mamé la enorme cabeza que se hundiría en el
agujerito de mi hija y me dediqué a observar cómo
Matías poseía a mi hija por atrás. Era excitante ver
cómo el fabuloso tronco de carne desaparecía entre los
globos del trasero.
Gracias a la lubricación la penetración fue menos
dolorosa. Matías bombeó largo rato y luego se retiró,
dejando el culo de mi hija abierto como para que
entrara allí una pelota de golf. Volvió a ensartarme a
mí (supongo que mi hoyo quedó con el mismo aspecto) y
luego otra vez a Mariela.
Entre tanto mi hija me acarició los pezones y yo los de
ella. También se los chupé, y fue una sensación extraña
tener sus tetas en la boca. Son más pequeñas que las
mías pero muy duras.
Las dos estábamos terriblemente excitadas. Nos miramos
a los ojos, nuestros labios se fueron acercando y nos
dimos un largo beso en la boca.
Matías estuvo montando a una y a otra hasta que con un
alarido lanzó un chorro de semen sobre nuestras
espaldas.
El resto de nuestras vacaciones fue una orgía
continuada. Volvimos a la ciudad, dejamos de vernos por
un tiempo y ahora sólo lo hacemos de a tres en
ocasiones. Y cada vez lo disfrutamos más.
Espero que les haya gustado mi historia. Mi correo es:
Mhjn445@yahoo.com |
|